GIALLOTECA: GIALLO & THRILLING ALL´ITALIANA

El giallo destacó muy pronto entre todos los géneros y subgéneros europeos. La palabra "giallo" significa amarillo y alude a las cubiertas de una popular colección de novelas policiacas editadas por Mondadori. Pero esto no quiere decir que todos los giallos estén inspirados en dichos libros, de hecho muy pocos están basados en ellos, habiendo también giallos inspirados en novelas de otros estilos, influenciados por el cine gótico italiano, por las películas pertenecientes al krimi alemán y de las novelas de Edgar Wallace o incluso por algunos films de Alfred Hitchock como "Psicosis". Es más, las novelas conocidas como giallos en Italia cubrían desde el clásico wudunit sajón de Agatha Christie, el policiaco francés de Simenon, o la hardboiled norteamericana y sus pesos pesados, como Dashiel Hammett, Raymond Chandler o Mickey Spillane... PINCHAR AQUÍ PARA LEER MÁS

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jueves, 12 de mayo de 2016

LES NUITS ROUGES DU BOURREAU DE JADE

Reseña realizada por ALFONSO & MIGUEL ROMERO


TITULO ORIGINAL: Les nuits rouges du bourreau de jade
TITULO EN ESPAÑA: -----
AÑO DE PRODUCCIÓN: 2010
DIRECTORES: Julien Carbon, Laurent Courtiaud
REPARTO: Frédérique Bel (Catherine Trinquier)
Carrie Ng (Carrie Chan)
Carole Brana (Sandrine Lado)
Stephen Wong Cheung-Hing (Patrick)
Kotone Amamiya (Tulip)
Maria Chen (Flora)
Jack Kao (Mister Ko)
EDICIONES ESPAÑOLAS EN VÍDEO: -----
EDICIONES ESPAÑOLAS EN DVD: -----

SINOPSIS: Durante el reinado del primer emperador de China, un ingenioso torturador, creó un elixir que paralizaba los miembros de su víctima al aumentar la sensibilidad de las terminaciones nerviosas hasta diez veces. Ocultado en un cráneo de Jade, el elixir puede provocar todo tipo de sensaciones varias, desde caricias eróticas hasta lesiones espantosas.
Obsesionado por el deseo de experimentar estas sensaciones extremas, el verdugo se mata con su propio veneno, intensificando la experiencia de la muerte. Sus perseguidores nunca encontraron el cráneo, que había sido ocultado dentro de un precinto real. Pero la maldición del cráneo de Jade, responsable de la muerte de su creador, permanecerá dentro del su escondite trayendo desgracia a todos los que lo poseen. Hasta el día de hoy...

COMENTARIO: Julien Carbon y Laurent Courtiaud definían este su primer trabajo en la realización como “un giallo de Hong Kong, con misterio, asesinatos sádicos, fetichismo y mujeres”. Ambos habían colaborado previamente en los libretos de cintas hongkonesas de acción como “Running out of time” (1999) de Johnnie To (1), “Black Magic 2” (2002) de un Tsui Hark que aprovechaba la moda del “Matrix” (1999) de los Wachowski (2), o “El secreto del talismán” (2002) de Peter Pau, película de aventuras que seguía la estela del “Tomb Raider” (2001) de Simon West con Angelina Jolie encarnando a Lara Croft.

Los realizadores demuestran unos concienzudos conocimientos del thrilling all’italiana, de sus constantes y directivas, de sus temas y, lo más importante, de su estilo visual. El mismo título de la cinta (y más en el original en francés), como en tantos giallos, contempla múltiples significados a la par que no tiene por qué decir nada, tan llamativo e intrigante como superficial y banal. Red Nights, “Noches Rojas”, es el nombre del perfume que presenta y representa Carrie Chan (Carrie Ng), un mundo, el de la alta cosmética y perfumería, afín al de las modelos y pasarelas tan caro al género desde “Seis mujeres para el asesino” (1964) de Mario Bava, aunque ella y su compañero, Patrick (Stephen Wong Cheung-Hing), lo que realmente buscan es otro elixir, el que se encuentra en el “verdugo de jade”, pero a ello volveremos más adelante. Noches rojas son también las de los rituales sadomasoquistas orquestados por la pareja y dirigidos por ella, y el bermellón (muy oscuro y denso) con sabor a muerte domina esta historia de traiciones y pasión por el dinero y el poder, sobre todo en su magnífica parte final. Y el rojo es, junto al azul y los tonos anaranjados, el color predominante en la fotografía de la cinta, a cargo de Man-Ching Ng (3).

La representación, como la ópera de “Terror en la ópera” (1987) de Argento, o el teatro en “Aquarius” (1987) de Michele Soavi, ese juego de espejos y trasvases, tiene cabida aquí en la ópera china donde Patrick es el actor principal y cobra especial significado la canción que habla de las garras del verdugo, instrumento de tormento y muerte a la par que de amor, fogosidad y placer. Las garras, utensilio también en la privacidad de los amantes, que emplea Carrie para sus rituales (representaciones igualmente) sadomaso que acaban “penetrando”, con regusto sádico de la dómina, a las chicas que se prestan a sus recreos sexuales cuando, tras un largo y laborioso repertorio fetichista, termina más allá de la “petite mort” con la muerte real de las muchachas. Eros y Thanatos llevados al límite donde, era de esperar, no falta la pasión lésbica. Las garras, arma blanca a fin de cuentas, será la elegida por Carrie en la conclusión de la historia.

La representación, la ceremonia, la pasión y la muerte, la dominación, de igual modo en los asesinatos que comente Carrie fuera de esa cámara (mortuoria) donde practica sus retozos amorosos. Como cuando quita de en medio a Flora (Maria Chen), una vez se ha servido de ella y sólo le supone un estorbo, en un apropiado plano-contraplano en picado y contrapicado, dejando claro el status que ocupa cada mujer, en un mortífero y cruel juego donde el bondage y el fetichismo del pie (4) cobran gran relevancia. En el apartamento de Flora, por cierto, encontramos unos inquietantes maniquíes (¿lo son todos realmente?), tan característicos del giallo. Y maniquíes de carne y hueso, modelos, son Sandrine Lado (en el rol de Carole), quien había trabajado nada menos que para Chanel, Lancòme, L’Oreal o Garnier, el ya citado Stephen Wong Cheung-Hing, y la japonesa Kotone Amamiya (ésta en el mundillo “sólo para adultos”).

Como en la nihilista “Bahía de sangre” (1971) del maestro Bava, en el universo de “Red Nights” no hay lugar para los héroes y está poblado por personajes codiciosos y egoístas movidos por el lucro, que no dudan en traicionar y matar a quien sea para salirse con la suya y sin dejar un dólar de por medio. Catherine (Frédérique Bel) elimina en Taiwán a su amante (un político corrupto) para hacerse con la piedra de jade blanco que éste ha obtenido con algunas malas artes y marcha a Hong Kong para colocarla, encontrándose allí con una telaraña de individuos tratando de sacar tajada del tema. Oculto en el objeto se halla el “verdugo de jade” que contiene un elixir milenario que inmoviliza a las personas a la vez que es capaz de provocar las sensaciones más extremas, con el que “un beso equivale al mayor de los orgasmos” y, de igual manera, “el mínimo dolor se convierte en la más insoportable de las torturas”. Ideal para las prácticas amatorias del dúo y que nos empuja inevitablemente a “La tarántula del vientre negro” (1971) de Paolo Cavara.

Fuera del giallo pero quedándonos en Italia, la escena con Catherine llegando a Hong Kong recuerda sobremanera a las películas transalpinas de finales de los 70 y primeros 80, banda sonora de sintetizadores incluida, que nos hace pensar en Fulci, D’Amato o Deodato.

“Red Nights”, coproducción entre Francia, Bélgica y Hong Kong, dirigida por dos gabachos habituados a trabajar con la que fuera la más poderosa colonia británica en China (5), tiene inevitablemente mucho de estos países (6). Además de incluir en el reparto al taiwanés Jack Kao (7) como el mafioso Mr Ko, también interesado en conseguir el preciado jade, o a una Carrie Ng (8) en estado de gracia, Hong Kong presenta un escenario ideal, retratado como una ciudad tan cosmopolita tal que apocalíptica, en la que la occidental Catherine deambula perdida sin poder confiar en nadie y donde no le aguarda futuro. Ella, como el Jef Costello (Alain Delon) de “El silencio de un hombre” (1968) de Jean-Pierre Melville, se coloca bien la gabardina y se sube los cuellos de la misma antes de salir de su apartamento, como hacía aquél hasta en el momento en que se preparaba para que le mataran, y es que a Catherine, al igual que al resto de los personajes de la cinta, les espera el mismo sino que a los anti-héroes del polar, la fatalidad, a la que no pueden escapar por mucho que se esfuercen. Muy francés es también el gusto por los fastuosos rituales masoquistas, propios de una cinematografía tan dada a emparentar amor, sumisión y muerte, desde el cine de autor o el arte y ensayo al más comercial y/o de explotación, de Alain Robbe-Grillet a Just Jaeckin, de Roger Vadim a José Bénazéraf. De igual modo, en la conclusión, cuando entre unos y otros han terminado por echar a perder todo dejando un reguero de cadáveres tras ellos, los gangsters matan a Patrick, y el “amour fou” hace presencia. Ese “amour fou” que llevaba a Michel (Jean-Paul Belmondo) a perder la cabeza (y la vida) por Patricia (Jean Seberg) en “Al final de la escapada” (1964) de Jean-Luc Godard, conduce en esta ocasión a Carrie a reclamar justa venganza contra los asesinos de su amado armada con las garras que usaba en sus ratos de solaz (9). Una vez más, ceremonias de placer, sadismo, dolor y muerte unidos. Y ella, como el Jef Costello de Delon o el Michel de Belmondo, también lucirá con elegancia una gabardina en su último acto, sólo que en esta ocasión es de color rojo chillón, como va a quedar esa noche con toda la sangre que salpicará a su paso.


(1) Conocería secuela en 2001, codirigida entre Johnnie To y Law Wing-Cheung, pero sin Carbon ni Courtiaud en labores de guión.
(2) Y con Andy On en el papel del super-héroe que da título al film, sustituyendo a Jet Li del original de 1996 dirigido por Daniel Lee.
(3) No está de más recordar la importancia de la fotografía colorista, heredera del giallo y sobre todo, por supuesto, de Argento, que presentó el psycho-thriller de Hong Kong en los dorados tiempos de la así llamada “Categoría III”. Véase por ejemplo “Red to kill” (1994) de Hin Sing “Billy” Tang.
(4) Por el pie comenzará la agónica tortura que Carrie le profesa a Carole, y por los zapatos descubrirá Catherine quién ha dado muerte a su agresora, Flora, de cuyo piso tendrá que escapar, no obstante, descalza.
(5) Otros realizadores del país vecino amantes del cine de acción de Hong Kong son Christophe Gans y, especialmente, Luc Besson. A sus filmografías nos remitimos.
(6) Más consciente que casual se nos antoja la influencia en algunos momentos de un largometraje de otro país asiático, nos referimos al “Audition” (1999) de Takashi Miike y las torturas ejecutadas por la bella y mortal Asami (Eihi Shiina).
(7) Jack Kao ha intervenido en cintas de prestigio, caso de “Millenium Mambo” (2001), de Hou Hsiao-Hsien, pero también ha sido visto en gangster-movies made in Hong Kong como “La isla de fuego” (1991) de Chu Yen Ping, con un reparto donde se encontraban Andy Lau, Jackie Chan, Sammo Hung y Wang Yu. Cuenta la leyenda que el primero la protagonizó en agradecimiento al director por haberle librado de las zarpas de la mafia.
(8) Junto a Chinging Yau formaron el dúo de peligrosas féminas protagonistas de “Naked killer (Desnuda para matar)” (1992) de Clarence Fok.
(9) No es la primera vez que esta particular “lethal weapon” aparece en una producción de Hong Kong, baste hacer mención a “Las garras de la Tigresa” (1980) de Chia-Liang Liu para los Shaw Brothers. Por otro lado, en un momento del clímax de “Red Nights”, Carrie llega a rasgar con ellas una pared al modo que Freddy Krueger lo hacía en “Pesadilla en Elm street” (1984) de Wes Craven.

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