GIALLOTECA: GIALLO & THRILLING ALL´ITALIANA

El giallo destacó muy pronto entre todos los géneros y subgéneros europeos. La palabra "giallo" significa amarillo y alude a las cubiertas de una popular colección de novelas policiacas editadas por Mondadori. Pero esto no quiere decir que todos los giallos estén inspirados en dichos libros, de hecho muy pocos están basados en ellos, habiendo también giallos inspirados en novelas de otros estilos, influenciados por el cine gótico italiano, por las películas pertenecientes al krimi alemán y de las novelas de Edgar Wallace o incluso por algunos films de Alfred Hitchock como "Psicosis". Es más, las novelas conocidas como giallos en Italia cubrían desde el clásico wudunit sajón de Agatha Christie, el policiaco francés de Simenon, o la hardboiled norteamericana y sus pesos pesados, como Dashiel Hammett, Raymond Chandler o Mickey Spillane... PINCHAR AQUÍ PARA LEER MÁS

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lunes, 28 de marzo de 2016

BLACKARIA

Reseña realizada por ALFONSO & MIGUEL ROMERO


TITULO ORIGINAL: Blackaria
TITULO EN ESPAÑA: -----
AÑO DE PRODUCCIÓN: 2010
DIRECTORES: François Gaillard, Christophe Robin
REPARTO: Aurélie Godefroy (Lady in Red)
Clara Vallet (Angela)
Anna Naigeon (Anna Maria)
Julie Baron (Vodka victim)
Guillaume Beylard
Michel Coste
Frédéric Sassine       
Elsa Toro (Pink vodka victim)
EDICIONES ESPAÑOLAS EN VÍDEO: -----
EDICIONES ESPAÑOLAS EN DVD: -----

SINOPSIS: La vecina de Ángela se dedica a organizar fiestas sexuales que hacen que sea difícil para Ángela dormir por la noche. Un día, su misteriosa vecina es asesinada, y Ángela descubre una extraña bola de cristal en su apartamento.

COMENTARIO: El primer largo rodado al alimón por los franceses François Gaillard y Christophe Robin resulta, pese a las carencias propias de un rodaje independiente de notable tono amateur (grabado en vídeo y usando algunos actores no profesionales), un interesante homenaje al euro-sleazy, abanderado por títulos de Jesús Franco como “Necronomicon” (1969) o Lucio Fulci y “Una lagartija con piel de mujer” (1971), con ese tono lisérgico, onírico y sexual, tan característico de las producciones del viejo continente durante finales de los 60 y el comienzo del decenio siguiente; y sobre todo un tributo al giallo (1), no sólo en las referencias descaradas a Mario Bava y sus “Seis mujeres para el asesino” (1965) y “El Diablo se lleva a los muertos” (1973), al Lucio Fulci de “Angustia de silencio”, “El destripador de Nueva York” (1982) y la citada más arriba con protagonismo de la Bolkan, la escena del ascensor de “Las lágrimas de Jennifer” (1972) de Giuliano Carnimeo tras la mano del De Palma de “Vestida para matar” (1980), y sobre todo de Dario Argento, de quien se reconocen “Cuatro moscas sobre terciopelo azul” (1971), “Suspiria” (1977), “Inferno” (1980), “Tenebre” (1982) y especialmente “Rojo oscuro” (1975)... sino también por la intencionada adecuación de constantes temáticas y estilísticas así como detalles iconográficos propios del thrilling all’ italiana, como la fotografía agresiva y colorista que ayuda y mucho a conseguir emparejar realidad y surrealismo, la música de sintetizadores que remiten conscientemente al trabajo de los Goblin para Argento, la inclusión de muñecas (muchas rotas, algo normal cuando el psicoanálisis es esencial en el film) y maniquíes (siempre inquietantes), la presencia de lesbianismo y voyeurismo (¿hubo alguna vez algún género más voyeurista que el giallo?), con la omnipresencia del ojo y la mirada, desde el mismo arranque de la película con un ojo que es atravesado, cortado, por los títulos de crédito que surcan por la pantalla, y que evoca además la famosa escena de “Un perro andaluz” (1929) de Luis Buñuel. Y en “Blackaria” encontraremos además ojos astillados y cercenados por una navaja de barbero, con evidentes reminiscencias a famosos momentos de la filmografía de Fulci.

Se hermana igualmente esta producción con los títulos de Dario Argento que se salían del giallo más tradicional y mundano para saltar al terreno del fantástico, y de este modo la protagonista descubrirá junto al cadáver de su vecina (que es bruja, como las Tres Madres) una bola de cristal que predice el futuro. Al romperla, usará los cristales para hacerse unas gafas (muy retro, por supuesto) con las que seguirá viendo el negro destino que la aguarda. Pese a lo descabellado de la propuesta, la cosa funciona, porque el guión, del propio Gaillard, está subvertido por la puesta en escena, por la representación, como es norma no escrita en el giallo.

Cabe destacar la parte en que Angela (Clara Vallet) presencia un asesinato en el espejo del ascensor, escena que bebe de las mencionadas “Vestida para matar” (de la cinta de De Palma hallaremos más influencias a lo largo del metraje) y “El destripador de Nueva York” (con el explícito deleite insano en rajar a la chica en dicha ceremonia homicida), además que la malvada dama de rojo (Aurélie Godefroy) va caracterizada como Marta (Clara Calamai), la ogresca mamá (ese personaje tan recurrente en los gialli del director romano) de “Rojo oscuro”.

Significativo el uso (y abuso) de espejos (y puertas) en el film, fundamental en dicha película de Argento y tan reveladores en las teorías freudianas, que permiten a nuestra protagonista pasar al otro lado, como Alicia, absorbida/seducida por un nuevo mundo fantástico y peligroso. Los realizadores conjugan el mundo real con las percepciones de la Angela, donde salen a la luz sus traumas y nos llevan de la mano a algunos filmes de Roman Polanski (2) como “Repulsión” (1965), “El quimérico inquilino” (1976), e incluso “La semilla del Diablo” (1968) donde (¿casualidad?) también nos topábamos con brujos y brujas. Angela conseguirá burlar a la asesina (y al psiquiatra, convirtiéndose casi en heroína de cine negro para ello) aunque, estaba escrito y ella lo había visto, no a un fatal sino que le reserva una broma macabra.

Pese a sus defectos y carencias, “Blackaria” conviene un recomendable título que insiste en la justa reivindicación de un modo de entender el terror y el thriller tan europeos como intentado de enterrar por buena parte de la crítica y, lo que es peor, por un sector del público aún convencido de que el séptimo arte ha de estar ligado indisolublemente al apartado literario. Como suele decirse, ellos se lo pierden.

(1) Gaillard y Robin volvían a dejar patente su gusto por el terror italiano en “Last caress” (2010), protagonizada por Julie Baron, quien tiene un pequeño rol en la que aquí nos ocupa.
(2) Influencia para no pocos gialli en su edad de oro y, por otro lado, también recogida por Peter Strickland en la ya comentada en esta web “Berberian Sound Studio” (2012).

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