GIALLOTECA: GIALLO & THRILLING ALL´ITALIANA

El giallo destacó muy pronto entre todos los géneros y subgéneros europeos. La palabra "giallo" significa amarillo y alude a las cubiertas de una popular colección de novelas policiacas editadas por Mondadori. Pero esto no quiere decir que todos los giallos estén inspirados en dichos libros, de hecho muy pocos están basados en ellos, habiendo también giallos inspirados en novelas de otros estilos, influenciados por el cine gótico italiano, por las películas pertenecientes al krimi alemán y de las novelas de Edgar Wallace o incluso por algunos films de Alfred Hitchock como "Psicosis". Es más, las novelas conocidas como giallos en Italia cubrían desde el clásico wudunit sajón de Agatha Christie, el policiaco francés de Simenon, o la hardboiled norteamericana y sus pesos pesados, como Dashiel Hammett, Raymond Chandler o Mickey Spillane... PINCHAR AQUÍ PARA LEER MÁS

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miércoles, 25 de enero de 2012

LA MUERTE HA PUESTO UN HUEVO / TRIÁNGULO MORTAL / DOS MENOS UNO, TRES / HABITACIÓN Nº24

Reseña realizada por ALFONSO & MIGUEL ROMERO


TITULO ORIGINAL: La morte ha fatto l´uovo
TITULO EN ESPAÑA: La muerte ha puesto un huevo / Triángulo mortal / Dos menos uno, tres / Habitación nº24
AÑO DE PRODUCCIÓN: 1968
DIRECTOR: Giulio Questi
REPARTO: Gina Lollobrigida (Anna)
Jean-Louis Trintignant (Marco)
Ewa Aulin (Gabrielle)
Jean Sobieski (Mondaini)
Renato Romano (Luigi)
Vittorio André 
Giulio Donnini (Hotel Manager)
EDICIONES ESPAÑOLAS EN VÍDEO: Con el título de "La muerte ha puesto un huevo" por Vídeo Producciones Valfer, con el de "Triángulo mortal" por Vídeo Tape Internacional S.A. y por Ibérica Vídeo Distribuciones S.A., con el título de "Dos menos uno, tres" por Agustín Ferrero Fernández y con el título de "Habitación nº24" por Vídeo Compact.
EDICIONES ESPAÑOLAS EN DVD: -----

SINOPSIS: Marco es un intelectual frustrado que está casado infelizmente con Anna, propietaria de una fábrica de pollos en la que se llevan a cabo experimentos genéticos. Para satisfacerse sexualmente, Marco tiene encuentros con prostitutas, a las que además parece asesinar.

COMENTARIO: Cuando Dario Argento deconstruye el giallo para cristalizar nuevamente en un estilo propio que terminará por ser el que domine toda la década de los 70 (y más allá), el director romano había asumido los anteriores trabajos en el género, principalmente los orquestados por Mario Bava. También los empeños de Umberto Lenzi, con sus psycho-gialli sexuales y diurnos, seguirían calando y haciéndose notar en diversos e interesantes títulos. Sin embargo, la muy personal aportación de Giulio Questi dentro de las coordenadas del thriller, "Dos menos uno, tres", estrenada en suelo italiano el 9 de enero de 1968, no tuvo continuidad en el terreno del giallo entre el aluvión de cintas que seguirían al éxito de "El pájaro de las plumas de cristal" (1970).

De igual modo que hiciera con "Oro maldito", donde el género del spaghetti-western era sólo el marco para el desarrollo del trabajo de Questi, y que resultó incomprendido en su momento (y terriblemente mutilado en la copia que vimos en España), "Dos menos uno, tres" utiliza el esquema del thriller para una propuesta personal por parte de su realizador y que nuevamente no terminó de calar. Si el propio Questi definía "Arcana" (1972) como un film "etnográfico", el que aquí nos ocupa es, como bien apuntaba Ángel Sala (1), un título "orgánico", donde los mismos créditos iniciales parecen reproducir el proceso de gestación de un huevo y que enlaza con un ojo en primer plano.

La cinta arranca en un motel. Diferentes habitaciones, personajes e historias, para centrarse el director en Marco (Jean Louis Trintignant), que asesina con un cuchillo y guantes negros (pero a plena luz del día y sin ocultar su rostro) a una fémina para después ir a su trabajo, como ejecutivo de una asociación dedicada a la producción avícola. Pronto comprenderemos que quien posee la fortuna familiar y lleva las riendas de la casa y el negocio es su esposa, Anna (Gina Lollobrigida), y que nuestro hombre no es más que un mero pelele, un soñador que anhela la libertad y el amor, aborreciendo el mundo capitalista que le rodea y que sólo desea fugarse con su amante, Gabrielle (Ewa Aulin), la secretaria de su mujer, que tiene los pies más sobre la tierra y es consciente (tal vez demasiado) del lugar y función que ocupa.

Pero ¿es Marco un asesino sádico? No tardaremos en comprobar que ello no es más que una representación, un modo de satisfacer sus fantasías sexuales con prostitutas en la habitación que tiene reservada en el motel, la 724, y las chicas además le consideran todo un caballero.

Nuestro protagonista no se integra en el mundo que le ha tocado vivir, ni en el medio familiar ni en el empresarial, desligándose de éste a raíz del experimento con éxito en la fábrica que da como resultado unos pollos mutantes (enormes, sin alas ni cabeza) que crecen sin necesidad de alimentarlos. Ideados como un producto mercantil que producirá unos importantes cambios en la producción y un abaratamiento de los costes. La moral y la economía parecen desligados en una sociedad que sufría, recordaba Questi, una agresiva industrialización en aquellos años. Como tantos intelectuales de su momento, el realizador echa una mirada desconfiada a los excesos capitalistas orquestados por una agresiva y absurda publicidad (2) que incluso ataca a la cámara en algunos momentos del film. Y precisamente el nuevo publicista de la empresa tiene una notable importancia en la trama, y por supuesto no para bien. Una sociedad capitalista donde las personas son también meros productos de consumo. Donde el poder y el dinero lo son todo y para conseguirlo se llega incluso al crimen.

El realizador compara constantemente a los pollos en la fábrica con las personas. Significativo el enlace de Marco destruyendo (matando) a los pollos mutados al cuerpo maduro y aún muy apetecible de Anna desnudándose para ir a la cama. Llegando más lejos con la analogía del huevo (presente desde el mismo título original hasta el vestido que luce Gabrielle en la fiesta) con el hombre e incluso con la sociedad. Blanco, pulcro, perfecto en su forma, pero que por dentro puede estar podrido, contaminado. Sobre todo en el final, con un chiste macabro a cargo del jefe de la policía que busca al responsable de un asesinato (esta vez real) y del que sospechan ha podido ser Marco. Y la huella de Lenzi se hace presente.

Nos encontramos a lo largo del metraje con el predominio de fondos claros, asépticos, impersonales, tanto en la casa, la oficina e incluso el motel, que apenas difieren de los de un aeropuerto. Jean-Louis Trintignant era el actor idóneo para encarnar al idealista, fetichista y pusilánime Marco, en la línea de otros papeles suyos como el que haría en "El ladrón de crímenes" (1969), de Nadine Trintignant. Ewa Aulin venía que ni pintada para el rol de Gabrielle. Además, ambos habían coincidido poco antes en el giallo de Tinto Brass "Con el corazón en la garganta" (1967). Y el tercer vértice de este triángulo amoroso (que podría convertirse en cuarteto) lo compone Anna, a la que da vida la Lollo, que si bien fue una imposición de la producción, resulta perfecta como la posesiva esposa, capaz de rebajarse lo que haga falta para no perder el control y conseguir sus propósitos, aunque en realidad no sea ella quien mueva los hilos.

Si en "Nudi per vivere" (1964), documental tipo mondo dirigido por Giuliano Montaldo, Elio Petri y Giulio Questi, éste homenajeaba el "Belle de jour" (1967) de Buñuel, en esta ocasión vuelve a rendir tributo al genio aragonés en la escena de la fiesta que remite conscientemente a "El ángel exterminador" (1962).

Intencionadamente inconformista, Questi apuesta por planos extraños, movimientos de cámara que a veces parecen aleatorios y no dar ninguna información, centrándose en muchas ocasiones en partes del cuerpo de los interlocutores mientras éstos hablan, produciendo extrañeza en el espectador. Sumémosle un montaje sincopado, acorde con las imágenes y una banda sonora histriónica, obsesiva e incluso molesta a cargo de Bruno Maderna.

Ni que decir que la crítica no recibió con buenos ojos la película, ni sus intenciones críticas y vanguardistas. Quedémonos con una escena, Marco, fotógrafo aficionado, hace una sesión en la fábrica con Anna y Gabrielle posando ante los pollos e incluso sosteniendo algunos de éstos. El capitalismo industrial sustituye el glamour, diríase la antítesis del Thomas (David Hemming) de "Blow up. Deseo de una mañana de verano" (1966), de Michelangelo Antonioni, o de la casa de moda donde se desarrolla la seminal "Seis mujeres para el asesino" (1964) de Mario Bava.

(1) En su entrada sobre el film para el libro colectivo "El giallo italiano: la oscuridad y la sangre" (Nuer Ediciones, 2001).
(2) Podemos citar también "Han cambiado de cara"/"La resurrección del mal" (1971), de Corrado Farina.

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